|
El debate sobre la ley de matrimonio de personas del mismo sexo viene a plasmar los objetivos de toda una ingeniería de restructuración de la nueva sociedad globalizada que asume la ruptura con sus raíces históricas, éticas y con la misma ley natural a la cual se la considera como algo despreciable y carente de sentido.
No debemos olvidar aquellas conferencias internacionales organizadas por las Naciones Unidas durante la década de los ´90, especialmente la de El Cairo en 1994, destinada a responder al problema de la superpoblación mundial, muchas de cuyas conclusiones fueran objetadas por la Santa Sede por dar pie a nuevos paradigmas de la persona y la familia, y que proponían al aborto y a la homosexualidad como elementos válidos para disminuir el crecimiento demográfico planetario.
Hoy vemos como estos objetivos se vienen cumpliendo de modo concatenado en todas las regiones del mundo, a la vez que se repele la acción de la Iglesia tratando de quitarle autoridad moral ante la opinión pública. Es necesario que tengamos una mirada amplia sobre esta planificación global y los nuevos paradigmas que se pretenden instalar a precio de la dignidad de las personas y de la familia, que es el auténtico reservorio de humanidad para las generaciones venideras.
Y frente a las situaciones de las personas que viven de modo distinto su sexualidad, lejos de menospreciar sus derechos, iguales a los de todos, debemos recordar que la naturaleza no discrimina cuando nos hace varones y mujeres, y que por lo mismo, los derechos reales siempre van de la mano de la naturaleza, ¿o acaso es discriminar que un varón no tenga derecho de dar a luz y amamantar a su hijo? Del mismo modo, no es discriminar que dos personas del mismo sexo no puedan conformar un matrimonio. En este punto tan esencial las leyes no pueden crear lo que ha sido dado antes de todo ordenamiento social y jurídico. Es de esperar que nuestros representantes asuman su responsabilidad histórica libres de toda otra pretensión que no sea la de dar consistencia a la vida de nuestro pueblo, que ha hecho de la familia uno de sus valores más sólidos, distintivo y humanizador.- |